CARTA MEDIEVAL.

Nada puedo darte que no tengas, pero hay mucho que aunque yo no te pueda dar, tú puedes tomar. No hay cielo que venga a nuestras manos a menos que nuestros corazones hallen descanso hoy.

Toma el cielo.

No hay paz en el futuro que no esté oculta en el instante presente.

Toma la paz.

La penumbra del mundo no es más que una sombra tras él, y sin embargo, la alegría está al alcance de la mano, hay resplandor y gloria en la oscuridad, si pudiéramos verla, y para ver solo tenemos que mirar.

Te suplico que mires.

La vida es tan generosa con sus dones, pero nosotros, juzgando sus dones por su aspecto, los consideramos feos y duros, quita su cubierta y encontrarás debajo un esplendor vívido, tejido de amor,  por sabiduría, con poder.

Recíbelo, tómalo y toca la mano del ángel que te lo trae.

Todo lo que llamamos prueba, pesar o deber, allí esta la mano del ángel, allí esta el don y la maravilla de una presencia dominante. Que tampoco nuestras alegrías nos contenten como alegrías. Ellas también ocultan dones más divinos.

Y así, ahora te saludo, no como el mundo envía saludos sino con profunda estima y el ruego de que para ti ahora y por siempre, el día despunte y las sombras se desvanezcan.

Fra Giovanni.






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