Autor:
Manuel Santamaria.
Experto Universitario en Coaching. Trabajador social. Licenciado en Resolución de conflictos. 

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Cada vez que deseas conquistar un nuevo territorio ten presente este antiguo secreto.


Si usted piensa que puede o sueña que puede, empiece.

La osadía posee genialidad, poder y magia.

Atrévase a hacer y el poder le será dado.

Goethe

Para que puedas comprender un principio espiritual del éxito me gustaría compartir contigo una historia que tiene más de 3000 años de antigüedad: es el cruce del río Jordán por parte del pueblo de Israel.

El libro de Josué en la Biblia, nos relata las peripecias del pueblo elegido para conquistar la tierra prometida. Este libro contiene algunas enseñanzas que han pertenecido ocultas al común de la gente, pero que en algunos círculos espirituales son compartidas entre sus miembros. El libro de Josué es el libro de aquellos que desean conquistar nuevas tierras, apropiarse de bendiciones y prosperar.

Ahora bien, me interesa tomar uno de los hechos significativos narrados en el libro de Josué que nos revela un principio muy importante para “cruzar al otro lado” de donde estamos: el principio de “Poner el pie en el agua para que éste se divida”. En el capítulo 3 del libro de Josué se narra cómo los Israelitas debían cruzar un río en una época del año en que éste estaba crecido, totalmente desbordado. Era fundamental pasar al otro lado puesto que allí se encontraba la tierra con todos los beneficios que Dios les había prometido: la tierra donde fluye leche y miel.

Josué era líder de los israelitas, habiendo quedado en reemplazo de Moisés luego de que éste muriera. Antes de ejercer su liderazgo Dios le había dado una recomendación muy clara y se lo repitió tres veces para que no le quedaran dudas: “Mira que te mando que te esfuerces y que seas valiente. No temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo donde quieras que tú vayas”.

Ahí estaba Josué frente a un río desbordado y todo el pueblo esperando sus órdenes para saber qué hacer. Todo lo que ellos deseaban estaba del otro lado del río y habían estado años dando vueltas por el desierto antes de llegar a esa situación. Toda una generación de israelitas murió en ese peregrinar y eran sus hijos quienes ahora debían conquistar la tierra fértil. Promesa que Dios les había hecho.

Josué recibió una orden de Dios ante esa situación y se la trasmitió a su gente. En los versículos 7 y 8 del capítulo 3 podemos leer: “Jehová dijo a Josué: “Desde este día comenzaré a engrandecerte delante de los ojos de todo Israel, para que entiendan que como estuve con Moisés, así estaré contigo. Tú, pues, mandarás a los sacerdotes que llevan el arca del pacto, diciendo: ‘Cuando hayáis entrado hasta el borde del agua del Jordán, pararéis en el Jordán.’” Maravillosamente el pueblo pudo pasar una vez que los sacerdotes pisaran el agua, puesto que solamente pisar el agua la detendría.

Tú te preguntarás que tiene que ver esta historia contigo. Déjame decirte que esta historia contiene uno de los grandes secretos espirituales para conquistar nuevos territorios haciendo frente a los límites que te pone la vida: debes pisar tu dificultad. Debes ingresar en aquello que deseas conquistar o conseguir. Nada sucede si no entras. Nada pasa si no das el primer paso en dirección a tu meta. Puedo asegurarte que ninguna enseñanza espiritual ni práctica está completa si no te enseñan lo que acabo de compartir contigo.

Yo he sido de aquellos que esperaban que suceda algo para comenzar a caminar en dirección a mi objetivo. Debo confesar que en algunos aspectos sigo siéndolo, porque está muy arraigado en mí la costumbre de “esperar que se acomoden las cosas”. Nada se acomoda hasta que tú pongas tu pie en donde deseas cruzar. El universo está creado en base a determinadas leyes y una de ellas es que "los milagros siguen a los que creen” como lo dijo Jesús hace 2000 años. Los milagros no van delante, van detrás. Te siguen a ti. Por eso es una pérdida de tiempo y energía esperar que algo suceda para lograr nuestras metas.

Pero ¿cómo pongo el pie en el agua? Es una pregunta que escuche muchas veces. Pones tu pie cuando HACES ALGO EN DIRECCIÓN A TU META. Quizá aún no tengas los medios para alcanzar lo que deseas y eso es natural. Quizá ni siquiera sepas cómo puedes hacer para obtener aquello que deseas. Eso es común en la mayoría de los casos. Tú debes dar un primer paso, por pequeño que sea, en dirección a tu meta. Si sólo puedes escribir, hazlo. Es un primer paso.

¿Sabes cómo logré las cosas que me parecieron difíciles o imposibles? Dibujando o bosquejando la idea. Así construí mi casa sin tener un centavo para ello. Lo primero que hice fue dibujar cómo la quería. Al día siguiente pregunté a un especialista cuánto me saldría –aproximadamente- construir algo así. Luego averigüé el costo de los materiales. Estas fueron señales al Universo de que mi idea de tener casa propia iba en serio. Fue poner mis pies en el agua. No esperé a tener el dinero para empezar a moverme. Me moví y tuve el dinero para hacerlo. Cuando empecé a averiguar precios, empezó a surgir fuentes de ingresos inesperadas y pude dar otros pasos más: compre materiales de construcción que podía acumularse como hierros y ladrillos. Todavía no tenía todo lo necesario para lograr una casa, pero se puso en movimiento el milagro. Las aguas empezaron a correrse. A los 4 meses de poner los pies en el agua ya contaba con ingresos para contratar albañiles para que iniciaran la obra. La fui haciendo en etapas y todos los meses contaba con el dinero para pagar la obra. No pedí créditos. La construcción se realizó al contado y en efectivo. No tuve que endeudarme.

Los milagros son así. Ocurren cuando tú te metes en el agua. ¿Qué está en tus manos hacer hoy mismo en dirección a tu meta? ¡Hazlo! Lo que se interpone en tu camino te dará paso. Te lo aseguro.




Cambia tu Actitud y tu Vida Cambiara / by Luz de la Aldea.





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